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jueves, 8 de marzo de 2012

El Teorema de los Infinitos Monos

Si alguien ahí fuera ha seguido este mi humilde blog, se habrá percatado de que, a pesar del modesto "rediseño", en el banner del título siempre hay un mono aporreando una máquina de escribir. El mono que había en el diseño anterior, es una ilustración de Brian Bolland para el número 25 de la serie de comics Animal Man, titulado "El rompecabezas del mono". En el interior, un mono aparece escribiendo el guión de lo que está pasando en ese mismo momento en el cómic. Es parte del periplo que sigue el protagonista hasta descubrir finalmente que no controla su vida, que no es más que un personaje de cómic creado para entretener a la gente.

Animal Man #25 (1990)
Yo lo leí cuando era apenas un adolescente, y el concepto de un mono tecleando un guión de cómic me pareció muy original, pero no pasé de ahí. Ha sido a lo largo de los años que al releer estos comics (los cuales recomiendo fervientemente su lectura), que he ido descubriendo nuevos detalles que en una primera lectura y a tan temprana edad se me escaparon. Uno de los mejores es descubrir que hay montones de referencias a diferentes áreas del pensamiento, incluídas las matemáticas. Y es que un mono con una máquina de escribir y las matemáticas parecen, a priori, en las antípodas uno con respecto al otro.

La imagen del mono y la máquina de escribir viene de un enunciado matemático muy conocido que reza:
Un mono aporreando una máquina de escribir durante un tiempo infinito podría llegar a escribir cualquier texto dado, como por ejemplo las obras completas de Shakespeare.
Este teorema se usa para ilustrar lo difícil que es intentar abarcar el concepto de infinito. El teorema es cierto, en un tiempo suficientemente grande el mono acabaría por escribir las obras completas de Shakespeare, y las de Cervantes también si hiciera falta, pero la probabilidad de que eso suceda en un intervalo de tiempo tan grande como la edad del Universo es prácticamente nula. ‘Infinito tiempo’ no es ‘mucho tiempo’, sencillamente es… infinito.


Otra variante del teorema afirma que infinitos monos podrían escribir cualquier texto dado en cualquier intervalo de tiempo (no necesariamente infinito). La analogía es la misma. ‘Infinitos monos’ no quiere decir un millón de monos, ni miles de millones, sencillamente quiere decir… infinitos. Los ‘monos’ en realidad son una metáfora de cualquier dispositivo capaz de generar texto aleatoriamente. El teorema se puede generalizar, en el sentido de que cualquier experimento aleatorio podrá producir un determinado resultado siempre que la experiencia se realice tantas veces como sea necesario.

Esta es una explicación sencillita, ideada para los nulos en matemáticas como lo es un servidor de ustedes. pero rastreando un poco, uno se da cuenta de que esta idea está bastante enraizada en la literatura y la cultura popular.

El relato La biblioteca de Babel, de Jorge Luis Borges, describe una biblioteca que contiene todos los libros posibles generados de la permutación de 25 signos en 410 páginas. Entre todos los volúmenes tiene que estar el definitivo, el que contenga la verdad sobre el universo. Por eso los habitantes de la biblioteca consagran su vida a encontrar este libro total. Borges hace referencia explícita a la idea de un mono infinito en su ensayo La biblioteca total, que de alguna manera es precursor de La biblioteca de Babel.

Michael Ende en su famoso libro La historia interminable plasma esta idea en un país de Fantasía, cuyo vigilante es un mono. Sus habitantes, llamados los Antiguos Emperadores, juegan "El juego de la arbitrariedad", en el que lanzan una especie de dados de letras cuyos resultados van compilando. Cada ciertos años surgen palabras, "si se sigue jugando cien años, mil años, cien mil años, con toda probabilidad saldrá una vez, por casualidad, un poema. Y si se juega eternamente tendrán que surgir todos los poemas, todas las historias posibles, y luego todas las historias de historias, incluida ésta en la que precisamente estamos hablando".

En la obra de Tom Stoppard Rosencrantz & Guildenstern están Muertos un personaje dice "Si un millón de monos..." y luego no puede continuar, debido a que el personaje está en Hamlet. Luego, finaliza la frase de manera diferente.

El teorema es también la base de la obra de teatro de un acto de David Ives, llamada Words, words, words, que aparece en su colección All in the Timing. En ella, tres monos, llamados John Milton, Jonathan Swift y Franz Kafka son recluidos en una jaula hasta que escriban Hamlet. Hay un relato corto en tono de humor de R. A. Lafferty llamado Been a Long, Long Time en el cual un ángel es castigado a tener que repasar el texto hasta que en algún futuro distante (después de que un trillón de universos hayan nacido y muerto) los monos produzcan una copia perfecta de una obra de Shakespeare.

Sin embargo, lo más divertido es la aparición de los monos en la cultura popular. Os voy a poner dos ejemplos:

Un episodio de Los Simpsons contiene una escena en la que el señor Burns tiene una de las habitaciones de su mansión llena con mil monos con máquinas de escribir, uno de los cuales es castigado por escribir mal una letra de Historia de dos ciudades de Dickens. Ahí la tenéis:


La traducción no es buena. Debería leer: "fueron los mejores momentos, fueron los pheororn momentos", y decir "¡no tiene sentido!"

En el episodio de Padre de familia El rey ha muerto, aparecen un grupo de monos colaborando en una línea de Romeo y Julieta de Shakespeare en una escena cortada. No aparece en Youtube por cosas de los derechos de autor, pero aquí os dejo un enlace con el episodio completo, por si queréis verlo:
http://www.kewego.es/video/iLyROoaftuDF.html

Por último, unos cuantos enlaces curiosos para que veais más cosillas sobre este concepto y lo popular que es en la web:

The Monkey Shakespeare Simulator: una web que simula monos tecleando al azar buscando probar el teorema.
Parable of the Monkeys: contiene citas literarias que se refieren al teorema de los monos infinitos.
El Teorema de los Monos Infinitos: para aquellos de vosotros que queráis una explicación completa en castellano, con su demostración y todo. Apto sólo para matemáticos.
La biblioteca de Babel: el relato de Borges, para leer online.

viernes, 29 de julio de 2011

Los comics y yo

Mi madre suele decir que los libros y yo venimos de la mano. No se nos suele ver a uno sin los otros separados durante mucho tiempo. A cada sitio al que voy, en cada momento que tenga un respiro, ahí que me pongo a leer. Siempre ha sido así y siempre lo será, hasta tal punto llegó a ser exagerada la cosa, que el mayor motivo que nunca tuvo mi madre para desear mi emancipación fue que las paredes de mi casa iban a sucumbir debido al peso de los libros que llegué a acumular en su casa. Y el problema se tornaba más crítico aún en tanto que soy incluso más compulsivo comprando cómics que adquiriendo libros. Si a todo esto se le añade el mayor tamaño de estos en comparación con los libros y que cada mes sale un nuevo capítulo de cada serie como mínimo, sumado a que nunca, nunca, nunca, tiro ni vendo nada, pues entenderéis a esta pobre sufridora madre mía.

Que yo recuerde, toda mi vida he leído cómics, los que pillaba por ahí, Mortadelos, tebeos sueltos de superhéroes, Capitán Trueno, Astérix, Tintín... estaban ahí, y los devoraba sin más, sin coleccionar. Hasta que llegué a tener unos, qué se yo, siete u ocho años.


Un  día, un buen amigo de la época, al que ahora no puedo ni ver, me enseñó su casa y en el cuarto de su hermano, que era mayor que nosotros, estaba su colección de cómics. Comparada con la que tengo ahora no es nada, pero era bestial para mí entonces. Tenía muchas series, todas de Marvel de cuando los primeros tiempos de Planeta (su famoso formato Fórum): 4 Fantásticos, Patrulla-X, Spiderman... Lo que me llamó la atención y me pareció lo más grande fue que había encuadernado un par de series en tomos de a veinte números Forum a saber: Spiderman y Daredevil. De la serie de Spiderman, que debe ser la primera que me prestó el hermano por aquello de que es Spiderman y supongo que por conocerlo debió pensar que me gustaría más, apenas me acuerdo de nada: que empezaba con una historia del personaje, y tenía algunos villanos ridiculos como Will el-del-mechón (más adelante conocido como Fuego Fatuo).

El ínclito Will-el-del-mechón...
Sin embargo, la joya de la corona era Daredevil. En la niebla del recuerdo creo haber comprado y leido un número de Daredevil, el 13, que me dejó grabadas unas imágenes: su portada, con un primer plano de una extraña mujer con una máscara clavada en un cuchillo grande, una escena en un cine donde atravesaban a un hombre con un cuchillo y se veía el bulto del ídem que, aunque atravesara una butaca de cine y carne y hueso no podía con una simple tela de algodón, y algo un poco más tonto, ver a personajes utilizando cuerdas de tender la ropa para saltar por los edificios (yo no podía lanzar telarañas ni batarangs con cuerdas, pero las cuerdas de la ropa estaban en el lavadero de casa...)

Portada de DD #179 usada en DD #13 Fórum. Me impactó de crío.

Camisa mágica. Agujero de entrada, no de salida.
Unos episodios antológicos, con clanes ninjas, criminales, un malo más mafioso que supervillano (Kingpin), el amor de su vida convertido en despiadada asesina a sueldo (Elektra), asesinada por su archienemigo psicópata (Bullseye)... Un faro de luz en el monótono mundo de los superhéroes de aquel entonces.

Aún así, cuando leí Daredevil de Frank Miller (en su momento no nos planteábamos quiénes eran los autores de los comics) en dos tomos de 20 números cada uno, me dije: yo quiero tener libros de cómics tan chulos como estos. Pero había un problema: si quería hacerlo, tenía que ser desde el número 1.Y en Almería a mitad de los 80 pues como que no encontrabas números atrasados, ni siquiera te lo planteabas. Tampoco salían series nuevas tan a menudo. Y encima eran mensuales, tardaría una eternidad en juntar los 20 números reglamentarios. Además mi amigo me dijo que tuviera cuidado con los tamaños de los cómics, debían de ser tamaño grande para que se encuadernaran bien y no tapar letras. ¿Solución? Afortunadamente, salió una serie semanal que cumplía todos los requisitos: Dragones y Mazmorras. Sin embargo, perdí unos cuantos en semanas que no pude comprar o se gastaron muy pronto, o se me rompieron los ejemplares.

Cantad todos conmigo... Tú el bárbaro, tú el arquero, acróbata magos y tú el caballerooo...
Inasequible al desaliento, seguí comprando cómics pero, mira tú por dónde, apareció una pesadilla en los quioscos llamada "formato americano": de repente, los cómics encogieron. Para entonces, ya había caído en la red comiquera y seguí comprando cómics (a partir del número uno, claro): Infinity Inc. de DC cómics (porque salía en la portada entre muchos una tía verde que confundí con Hulka, algo parecido a confundir el Madrid con el Barça... no me regañéis, es que era muy chico yo), o...
En realidad se llamaba Jade y era hija de Green Lantern...
Capa y Puñal, personajes molones que salían en los tomos de Spiderman de mi colega, etc... Mala suerte que llegara siempre el verano y tuviera que perder los números estivales porque a mis padres les molaba veranear en Aguadulce, donde no había un maldito quiosco en condiciones.

Un chico negro y una chica blanca. No, no se besaron nunca...
Así que intentaba seguir los comics nuevos con el formato pequeño, hasta que un buen día, ¡oh milagro! ¡una serie nueva en formato grande! Robocop: mitad hombre, mitad máquina, todo policía. Vale, no era un superhéroe. Vale, no había visto la peli. Vale, los cómics eran una mierda. ¡Pero eran grandes, y a partir del número 1! ¡Por fin podría hacerme un tomo! Así que puse mis esperanzas en ello, y seguí Robocop mes a mes (desintoxicándome con otros cómics que me gustaban, entre ellos Animal Man de Grant Morrison que empezó por esa época). Pero el destino me la jugó de nuevo: a la altura del número 14 o así, ¡van y cambian el formato de la serie a pequeño, así sin avisar! Ni os podéis imaginar el cabreo. ¿Qué iba a hacer ahora? A situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Mandé a mi padre a la imprenta a encuadernar los primeros 10 numeros de Robocop y a tomar por culo la serie, que era una mieeeerda de las gordas.

No creo que existan muchos aficionados que se compraran una serie sólo por el tamaño. Ah, la niñez...
Para entonces, ya era un friqui de los buenos, y más adelante rompería un par de tabúes que he descrito anteriormente y me hice un tomo que sí vale la pena: los 26 números de Morrison en Animal Man ( ¡no son 20! ¡Y formato USA!). Aunque en el lomo me escribieron "Animal Mam". AAAAARGH!

Una de las mejores series que he leído nunca. Imaginaos Niebla de Unamuno en cómic. Sí, sí, es un superhéroe con mallas naranjas pero todo es posible...